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domingo, 25 de agosto de 2019

Despedida y cierre


       “Hechos… Dadme realidades, y únicamente hechos. Antes que inútiles teorías, enseñad pruebas a la juventud. No plantéis más que esta semilla y suprimid las demás. Tan sólo con el auxilio de los hechos se forma el animal racional: lo restante, nunca le será útil.” (Tiempos difíciles, de Dickens)



*    HECHOS
       ¿Son hechos unos papeles ocultados en la cámara oscura durante medio siglo, y que ahora reaparecen con olor a naftalina? El abandono a su suerte de don Eladio cuando fue separado del puesto de director espiritual es un hecho sin explicar; también las estrategias de agitación. ¿Firmaron los profesores? Tenemos ante nosotros un relato cuya única pretensión es que lo negro sea blanco, y lo blanco, negro.
      
       Reseñar que la narración de don Feliciano arrastra contradicciones y verdades a medias. ¿Cuántas? Pongo un ejemplo: si retiran de su cargo en octubre de 1969 a don Eladio, ¿por qué no se solidariza y dimite? Por otro lado, conocer únicamente la versión de una parte (don Emilio no puede hablar) es lo que menos conviene a la hora de traer luz al ya turbio presente. Y añado un dato en torno a las firmas de apoyo: fueron obtenidas casa por casa, invadiendo la intimidad de los hogares. Recuerdo muy bien aquel verano del 70 en que visitó a mis padres el cura de Vega. Me pregunté siempre la razón de aquella visita: ya tengo la respuesta. En cambio, no la tengo para explicar el silencio del equipo docente.



       Hecho relevante. “Al comenzar el curso 1969-70, don Emilio me llamó a su despacho para decirme que había que sustituir al director espiritual del Colegio, don Eladio Fernández Martínez, por un sacerdote salesiano de La Robla. Me opuse a ello y dio marcha atrás en su decisión, pero esta falta de acatamiento por mi parte, a lo que don Emilio no estaba acostumbrado, contribuyó al principio del fin de mi estancia en Santa Lucía al frente del Centro escolar” (don Feliciano)… “En septiembre pasado (1969) vimos con extrañeza que D. Eladio era inexplicablemente apartado de toda labor en los colegios. Sabemos que nuestros hijos estaban muy contentos con sus clases. Supuestas estas razones, creemos que D. Eladio debe permanecer como sacerdote entre nosotros” (Junta Vecinal)…
       Si don Emilio dio marcha atrás en su decisión, ¿por qué la Junta Vecinal dice que Don Eladio fue apartado de toda labor en los colegios en septiembre de 1969?

       Como no digiero apreciaciones subjetivas (ni de las otras) sin una previa elaboración de lo que fue aquel trienio ¿liberal?, veamos algunos puntos:
       -“Pensaban que tenían derecho a opinar, a ser consultados”, dice refiriéndose a los padres de los alumnos. Juro que no lo entiendo. Me cuesta imaginar que alguien sepa lo que piensan los prójimos, y menos, los progenitores. Yo, que pasé muchas horas intensas junto a los míos, nunca supe lo que pensaban. Con las arrugas he podido deducir algo; no mucho. En fin. Pero todos intuimos lo que pensaban los papás de los sesenta: cualquier cosa menos que les pidieran opinión. Ellos querían un futuro mejor para sus hijos. ¿Cómo? Protestando no, desde luego.
       -“La Empresa actuaba en defensa de sus propios intereses”. Si fuera como dice, la vocación social del principal rector de la HVL no habría existido:
       "Desde que D. Emilio del Valle se enfrenta y se incorpora al mundo del trabajo, predomina en él un sentimiento de solidaridad, de auténtica caridad social y cristiana para con sus compañeros de tarea. Sus trabajadores no son apéndices de un complejo industrial, sino porciones vivas de una gran familia, implicadas en la propia prosperidad, que es consecuentemente la de la Empresa. D. Emilio sabe que el obrero es ese ser portador de valores eternos al que no se le puede marginar del cuadro general de beneficios sociales a que la industria da lugar. D. Emilio no es un empresario que trabaja, que se afana, que se sacrifica por la simple ganancia, sino por la creación; y conoce que no hay creación, que no hay obra bien hecha, sin la alegría de cuantos contribuyen a su ejecución.
       “Y, convencido de esto, levanta escuelas, viviendas, salas de recreo, campos de deportes; construye hospitales, Escuelas Profesionales, dispositivos de prevención, de seguridad y de higiene. Y en las proporciones asombrosas que le permite su capacidad humana, construye en La Robla, en Santa Lucía, en Ciñera, el más grandioso y también el más positivo tinglado social."
(Página 6 de H6201.pdf )
       -“Las familias de los alumnos valoraban positivamente la actuación del director del centro”. Lo dice como si hubiera realizado encuestas entre las mismas. Posiblemente, la mayoría desconociera el nombre del director.
       -“No le convenía a la Empresa una educación emancipadora, que despertara el pensamiento crítico de los alumnos y de las familias”. Esto parece de los más rousoniano; de Rousseau, un gran amante de la infancia, cuya principal filantropía era deshacerse de sus vástagos por el método del torno... ¿Insinúa que a la sombra de la Peña el Castro existía un nuevo Summerhill? (…)



       Para qué más vueltas. El colegio era de la empresa y podía colocar en la dirección a quien le diera la gana. Y si nadie protestó el modo arbitrario a la hora de nombrar director, no veo razonable tanto jaleo cuando se aplica el mismo criterio para destituirlo. No es de recibo que, tras medio siglo, se intente deslegitimar una decisión (acertada) en base a derechos inexistentes. Otra cosa hubiera sido acceder al puesto mediante concurso; pero no fue así: (a propuesta de don Eladio) fue llamado a Santa Lucía en septiembre de 1967 para echar a andar un nuevo colegio. Además, perder un trabajo no es tan grave: buscamos otro; y a veces, no hay mal que por bien no venga.
       Sin entrar en valoraciones sobre personas, eso jamás, creo que la vida, suficientemente difícil para todos y cada uno de los mortales, no deberíamos complicarla mirando por el retrovisor con el puño apretado.

       “Lector, sujétate a los hechos” (Dickens).





*    DESPEDIDA Y CIERRE

       El 11 de septiembre de 2018 abrí un grupo en Facebook; su nombre: ANTIGUOS ALUMNOS DEL COLEGIO SANTA BÁRBARA, SANTA LUCÍA DE GORDÓN (1967-1970). Esta iniciativa, pequeña historia de nueve meses (y medio), dio a luz la recuperación de muchos instantes perdidos; sin embargo, tuvo un abrupto final, parecido al del colegio en 1970. Contaré mi parecer al respecto, tratando de seguir la secuencia de una revuelta diminuta, reflejo de un estilo en la resolución de conflictos.

       Esta fue mi publicación cuando ya el vino agriaba:
       SIN FAVOR
       Reconozco mi yerro: remar contra corriente no es otra cosa que hablar por hablar. Ya no remaré río arriba; ya no retorceré raíces en el farragoso ruedo de los microclimas en prosa. Me rindo. Barro, tierra, lar de mi renqueante pensar: ¡Abur!
      Una fotografía me trajo a un viaje cuya trayectoria queda incompleta. Sin embargo no ha sido estéril; bien mirado, ha merecido la pena. Hemos conseguido situar en el mapa un proyecto educativo desconocido para muchos, y hemos repensado historias de hace medio siglo. Arrancando un día y otro de las garras del olvido, y recuperando fragmentos de una infancia dormida para siempre allá, entre grietas de viejas casas, junto a hormigas y arañas, hemos enterrado la ignorancia. Nunca jamás añoraremos aquellos años. Esta pequeña odisea, cuyo periplo ha consistido en fósiles gráficos, desencuentros ideológicos y lóbrego carbón, llega (por fin) a Finisterre. Lo raro hubiera sido no fracasar: un "ritorno" en busca del charco perdido es siempre un canto de sirena. En el zaquizamí de otoño, sobre una galera de ceros y unos, hemos alimentado esa noria interior que nos alivia la sed.
       Todo se ha desarrollado sin excesivos problemas; aunque volver, reflotar lo que duerme sedimentado en el fondo del mar Muerto sea imposible. Comprendo las peleas dialécticas y también comprendo que alguien haya perdido las buenas formas dedicándome palabras (y gestos) con intención de ofender (intento que murió, sin alma, diluido en un océano de indiferencia). Y en esto llegaron los "traviatos" de la política, ingenieros del "lento suicidio de un pueblo que, engañado por garrulos sofistas, hace espantosa liquidación de su pasado, escarnece a cada momento las sombras de sus progenitores y reniega de cuantos en la Historia lo hicieron grande” (Menéndez Pelayo).
       A Dios gracias, todas las heridas terminan cerrándose. Quiero agradeceros vuestro concurso y presencia, y pediros un reconocimiento especial para Don Feliciano por las entrañables fotografías compartidas. Queda este lugar de Facebook abierto mientras nuestro director del SANTA BÁRBARA (1967-1970) lo considere necesario. Sólo decir que mi tarea de administrador ha sido una experiencia interesante.
       Como final, un tierno abrazo a un ayer cargado de cosas de guajes, del pueblo y sus montañas; cosas que llenaban estómago y vaciaban corazón. Y un adiós galdosiano a un deseo:
       Retumbó el fracaso en el silencio de un insólito grupo; el reencuentro, dando tumbos en un evento vacío, cayó de cabeza en el olvido y rodó seco hacia el abismo, sin que su aliento durase más que los segundos necesarios para decir: “Pues… sí… sin favor”.

       Recupero estas palabras: Queda este lugar de Facebook abierto mientras nuestro director del SANTA BÁRBARA (1967-1970) lo considere necesario. Las escribí pensando que debía ser él quien pusiera el broche de oro. Pero no fue así: de manera inesperada inició un interminable final de trayecto. Armado de paciencia, pues se trataba de reiteraciones y malestar bilioso, guardé silencio. Hasta que llegó el folletín nº 4 (Firmas a favor de la continuidad del director) y ya no pude candar mi boca. Ver la firma de mi pobre madre, fallecida el pasado noviembre; ver que, tras diez lustros, era recuperada junto a otras para demostrar sabe Dios qué, me sacó de quicio y salté:
    Ya me había puesto a un lado (que no de lado) pero héteme aquí de nuevo. Esperaba desde mi retiro la orden para cerrar el grupo, según acuerdo fundacional; sin embargo, parece que aun muerto se resiste a que lo entierren. Seamos cuerdos: no da más de sí la cosa. No entiendo qué sentido tiene insistir sobre lo mismo una y otra vez; no entiendo qué sentido tiene abrir heridas y dejar que hablen. Por tanto, anuncio el cierre para el próximo 1 de julio. Muchas gracias.
       Añadiendo algunos comentarios según iban brotando las réplicas:
       En el principio de nuestro grupo existía el compromiso y el compromiso estaba con nosotros y el compromiso éramos nosotros. Todo se hizo por él y sin él no tiene sentido alimentar el país de las maravillas. “ El encuentro físico podría celebrarse en mayo o junio del próximo año, con tiempo suficiente para prepararlo… Tras el encuentro, cumplido el principal propósito, el Grupo como tal quedaría disuelto” (don Feliciano). Esta fue nuestra palabra.
       Entiendo que no corren tiempos para la responsabilidad. Jugamos “con” el balón pero no “al” balón; amamos un mundo feliz en cuyo seno las reglas sean “al gusto”; creemos tener derecho a cambiar los compromisos en función de las hormonas. No. Radicalmente no”.
       Daba por terminado el último capítulo de una historia vieja (1967-1970), diez lustros dormida en un cajón de sastre.

       ¿POR QUÉ NO? Quedaba en la recámara un inesperado CAMBIO DE PLANES. Fue la última publicación de don Feliciano:
       Cuando, a propuesta de Benjamín, decidimos él y yo poner en marcha este grupo, lo planificamos con carácter temporal. Sus objetivos eran: reencontrarnos con los antiguos compañeros después de tantos años, recordar entre todos aquellos tres primeros años del Colegio Santa Bárbara y celebrar un encuentro personal en mayo o junio, lo más numeroso posible, en Santa Lucía. Cumplidos estos objetivos (bueno, alguno resultó fallido), el grupo se cerraría.
       Este era el plan, y de ahí el escrito de despedida que publiqué hace unos días. Pero los planes no siempre son "dogmas de fe"; algunos, al menos, se pueden cambiar sobre la marcha, si así lo pide la mayoría, sin que exista contradicción alguna. Si hay personas dispuestas a continuar con el grupo porque lo consideran interesante, ¿por qué no hacerlo?

       POR QUÉ NO PUEDE:
       Olvida don Feliciano que mudar no es seguro de acertar. Olvida don Feliciano que mi propuesta de abrir un grupo no le gustaba, cosa que no menciona. Olvida don Feliciano que puede, si así lo desea, organizar un nuevo espacio en Facebook para su vieja corte. Olvida don Feliciano que no estoy dispuesto a regalar una iniciativa de mi cosecha para un trajín contaminante.
       Y con este olvida final, el domingo 1 de julio de 2019, sellé la puerta.


*    POSTILLA
       En un artículo de La Nueva Crónica leí esto: “Feliciano Martínez Redondo, director del Colegio de la Hullera en Santa Lucía hasta que lo removiera la empresa, estrechamente ligado a Eladio”, cuya frase última despierta mi curiosidad. Por lo siguiente: (a propuesta de don Eladio) “fui llamado a Santa Lucía en septiembre de 1967 para echar a andar un nuevo colegio” (el entrecomillado pertenece a una publicación de nuestro viejo director). Eladio Fernández Martínez propone a don Emilio, como director, a Feliciano Martínez Redondo. Martínez es un apellido muy común; pero, no puedo evitar la pregunta: ¿Cómo de próxima era la relación? ¿Parientes?


      Y como decía mi viejo amigo de la infancia, Porky-Porky Pig,
      "Esto es todo, amigos"







jueves, 8 de agosto de 2019

Trajín contaminante




      Los textos que a continuación expongo fueron publicados por don Feliciano en el grupo de Facebook del que fui administrador, durante los meses de junio y julio de 2019. Con buena parte de las cosas que dice no estoy de acuerdo; por lo que presento mi versión de los hechos en "DESPEDIDA Y CIERRE".



*  SU RELATO:

      
       MIS RECUERDOS (ALGUNOS) DE SANTA LUCÍA



       50 años después
       A pesar del abrupto final, mis tres años pasados en Santa Lucía entre 1967 y 1970 los recuerdo con mucho agrado. Eran años complicados, convulsos, con el franquismo aún en pleno vigor. La lucha por conquistar la libertad, de expresión, de reunión, era uno de los principales objetivos. Aunque mi trabajo principal estaba centrado, como profesor y director, en el Colegio masculino “Santa Bárbara”, participaba también juntamente con los curas del entorno en otras actividades de carácter social.
Fui llamado a Santa Lucía en septiembre de 1967 para echar a andar un nuevo colegio, en este caso masculino, que bajo el patronazgo de la Hullera Vasco Leonesa iba a comenzar a funcionar. Existía ya en la localidad un colegio femenino “Nuestra Señora del Camino”, dirigido por Hermanas Carmelitas Misioneras.
Comenzamos las clases en unos locales provisionales, antiguo comedor y Escuela de Aprendices de la Empresa, en condiciones, como se puede suponer, bastante precarias. El primer año, curso 1967-1968, se impartieron solamente los tres primeros cursos del Grado Elemental, con 102 alumnos; el curso 1º se dividió en dos grupos, con 36 y 30 alumnos. En los dos cursos siguientes se impartió ya el Bachillerato Elemental completo. Aumentó también el número de alumnos: 120 en el curso 68-69 y 135 en el 69-70.
Aunque el Colegio inició su actividad en septiembre de 1967, la constitución oficial como tal no llegó hasta junio del año siguiente. En el BOE de 26 de junio de 1968 se publica la “Orden de 4 de mayo de 1968 por la que se clasifica al Colegio de Enseñanza Media masculino “Santa Bárbara”, de Santa Lucía de Gordón (León), en la categoría de Autorizado de Grado Elemental”.
La categoría de Autorizado significaba que el Colegio no tenía plena autonomía académica, dependiendo jerárquicamente de un Instituto de Enseñanza Media, en nuestro caso, el “Padre Isla” de León. Los exámenes finales eran redactados, corregidos y puntuados por un grupo de profesores del Instituto Padre Isla que se desplazaban con esa finalidad a Santa Lucía. Para mí, esta era una situación incómoda y dolorosa. La actividad realizada durante el curso no contaba; sólo se tenía en cuenta el examen final. Había examinadores que admitían alguna observación por parte quienes impartíamos las clases durante el curso; para otros, su dictamen era inapelable.
Al ser un centro pequeño, era relativamente fácil crear un ambiente familiar, distendido, acogedor, sin olvidar la exigencia del esfuerzo personal. Pienso que, efectivamente, conseguimos ese objetivo. Desarrollar el pensamiento crítico de los alumnos en aquel autoritario contexto social, su autoestima, su curiosidad por el saber, su sentido de la solidaridad, el respeto a los demás… eran valores que intentábamos transmitir y vivir.
Muy importante fue la ayuda que generosamente nos prestó en la puesta en marcha y desarrollo del Colegio la Comunidad de Religiosas de Santa Lucía. Para completar horarios, dos de ellas impartieron gratuitamente algunas clases en nuestro Centro. Pusieron a nuestra disposición, cuando lo necesitamos, su salón de actos y su multicopista ciclostil con la que imprimíamos nuestras publicaciones.
Publicamos una revista, “Chavales”, impresa a ciclostil, que, pienso, contribuyó a crear el clima al que antes aludí. Servía también de enlace entre el Centro y las familias. El teatro fue otra de las actividades a la que se dio especial relevancia. Además de breves escenificaciones, se representaron dos obras de más larga duración: “El cartero del rey”, de Rabindranath Tagore, (19 de marzo de 1969), y “El raterillo”, de Lauro Olmo y Pilar Enciso, (11 de abril de 1970). Otra actividad señalada fue la excursión que hicimos a Galicia los días 28, 29 y 30 de julio de 1970, con pernoctaciones en Tuy y Santiago de Compostela, excursión de la que tenemos un buen repertorio fotográfico. Eran también frecuentes las actividades deportivas.
Al director, en aquellos años, de la Sociedad Hullera Vasco-Leonesa, don Emilio del Valle Menéndez, presidente del Patronato del que dependía el Colegio, no parecía gustarle mucho el rumbo que estaba tomando el Centro, rumbo opuesto, en su opinión, a las directrices de la Empresa. Al comenzar el curso 1969-70, don Emilio me llamó a su despacho para decirme que había que sustituir al director espiritual del Colegio, don Eladio Fernández Martínez, por un sacerdote salesiano de La Robla. Me opuse a ello y dio marcha atrás en su decisión, pero esta falta de acatamiento por mi parte, a lo que don Emilio no estaba acostumbrado, contribuyó al principio del fin de mi estancia en Santa Lucía al frente del Centro escolar.
Efectivamente, unas semanas antes del comienzo del curso 1970-71, dispuestos ya a inaugurar el nuevo edificio, se me comunica que quedo despedido y que la dirección del Colegio pasará a manos de los Hermanos Maristas. Siendo todavía oficialmente director, convoco una asamblea de padres de alumnos para explicar la situación y, mediante la presencia de un numeroso grupo de guardias civiles, bien pertrechados con sus armas, que impedían el paso, se nos impide la entrada a los locales del Centro. Ante ello, la asamblea se celebró en la iglesia parroquial. El despido fue declarado improcedente. Con una pequeña indemnización y la conciencia de haber vivido tres intensos años de trabajo ilusionado, me fui de Santa Lucía.




 Ø FINAL DEL TRAYECTO. 1

       PREPARANDO EL DESPIDO
       Rumores
       Durante el verano de 1970, probablemente desde bastante antes, se estaba gestando por parte de la Hullera Vasco Leonesa un cambio en la dirección del colegio. El párroco de Santa Lucía no pudo ser trasladado, como se había pretendido unos meses antes, pero sí podía serlo el director del colegio, un trabajador al fin y al cabo de la Empresa, que también estaba resultando persona “non grata”.
Para preparar el terreno, era conveniente difundir por la zona ciertos interesados rumores. El director, si no estoy equivocado, gozaba de una alta estima entre los alumnos y sus familias, y eso suponía una dificultad a la hora de justificar el cambio.
Excesiva permisividad en el colegio, falta de disciplina, bajo rendimiento escolar de los alumnos, insuficiente preparación pedagógica por parte del director, dudas sobre la idoneidad de su titulación académica, demagogia en clase con incursiones de carácter político …; otro rojo más. Estos eran, básicamente, los rumores propalados.
El caldo estaba preparado.
En la imagen, copia de mi carné de colegiado en el Colegio Oficial de Doctores y Licenciados de León.



 Ø FINAL DEL TRAYECTO. 2

       Despido de manera verbal
       El 26 de agosto de 1970 don Emilio del Valle me llama a su despacho para comunicarme, de forma verbal, mi despido, a partir del 1 de octubre, como director y profesor del Colegio Santa Bárbara.
Eso sí, tuvo la gentileza de comunicármelo personalmente, gesto que agradezco.
Como era mi costumbre, me pareció necesario transmitir esta decisión a las familias de los alumnos.
Lo hice a través de esta carta:
COLEGIO MASCULINO ENSEÑANZA MEDIA
“Santa Bárbara”
SANTA LUCÍA DE GORDÓN
31 – Agosto- 1970
       Carta del director a los padres de nuestros alumnos
       Queridos amigos:
Siempre he pensado ―y se ha repetido en varias reuniones― que la parte que corresponde a los padres de alumnos en la marcha del colegio es fundamental. Me parece, pues, un deber por mi parte informarles con detalle de los últimos acontecimientos relativos a nuestro colegio.
El pasado miércoles, día 26 de agosto, fu llamado urgentemente al despacho de director de la S. A. Hullera Vasco Leonesa, empresa de la que depende nuestro colegio. El motivo de esta llamada era comunicarme el cese como director y profesor del colegio. Las causas de esta decisión, según se me explicó, son las siguientes:
1ª. Haber rechazado, poco antes de comenzar el curso pasado, el cambio de profesores de religión y director espiritual que la Empresa me imponía. (Se pretendía eliminar del colegio a los sacerdotes del contorno y poner en su lugar a los padres salesianos de La Robla)
2ª. Hablar mal de la S. A. Hullera Vasco Leonesa.
3ª. Soliviantar a la gente y hacer demagogia en clase.
4ª. Tener distintos criterios, en aspectos fundamentales, de los que tiene la S. A. Hullera Vasco Leonesa.
Por todo lo cual, yo resultaba persona “non grata” a la Sociedad, y, por consiguiente, quedaba, irrevocablemente, despedido.
Ante mi asombro por una decisión tan próxima al comienzo del nuevo curso, el director de la S. A. Hulera Vasco Leonesa me contestó: “¡Usted no tiene contrato!”, como diciendo: es inútil que proteste, no hay ley que le ampare.
Estos son los hechos cuya información creo necesario transmitirles.
Atentamente les saluda,
Feliciano Martínez



 Ø FINAL DEL TRAYECTO. 3

       Asambleas
       Para informar a los padres de los alumnos del proyectado cambio de dirección del colegio se celebraron dos asambleas.
       Una, la primera, fue organizada por representantes de la Empresa, a la que se me impidió entrar a pesar de seguir estando todavía al frente de la dirección del colegio. “El director del centro tiene derecho a participar en una asamblea de padres de alumnos, si así lo desea; sobre todo, si se trata de asuntos de especial trascendencia”, les decía. Tras un áspero forcejeo a las puertas del colegio de las monjas, donde se iba a celebrar la reunión, me fui, y la mayor parte de los padres conmigo.
La otra asamblea, convocada por mí unos días más tarde, fue prohibida por el gobernador civil. Como a pesar de todo yo insistí en llevarla a cabo, un buen número de agentes de la Guardia Civil, bien pertrechados con sus armas, se apostaron delante del colegio (en esta ocasión, el de los chicos), impidiendo la entrada. En vista de ello, la asamblea se realizó en la iglesia parroquial.
Los abajo firmantes, padres de alumnos del Colegio Santa Bárbara de Santa Lucía de Gordón, manifiestan lo siguiente:
1º. Somos conscientes de ser los principales responsables en todo lo que atañe a la educación de nuestros hijos por las siguientes razones:
a) Por derecho natural reconocido por las Naciones Unidas, por la doctrina de la Iglesia y por nuestra actual Ley de Educación.
b) Porque pagamos en gran parte la educación de nuestros hijos.
c) Por obligación de gratitud para quienes comparten con nosotros las responsabilidades de la educación.
2º. Por todo lo cual, es nuestro deseo, claro y tajante, que D. Feliciano Martínez Redondo, Director actual del Colegio Santa Bárbara de Santa Lucía de Gordón, permanezca en su puesto de Director. Estamos plenamente satisfechos de su labor educativa.
3º. Si existiera alguna razón que nosotros desconozcamos queremos que sea expuesta ante nosotros y ante el interesado.
4º. Quisiéramos tener un diálogo abierto con la Dirección de la Empresa para tratar de solucionar todos estos problemas relativos a nuestro Colegio.
Santa Lucía de Gordón, a cuatro de septiembre de 1970.
(Siguen 125 firmas)









 Ø FINAL DEL TRAYECTO. 4

       Firmas a favor de la continuidad del director
       El 4 de septiembre de 1970 los padres y madres de los alumnos del Colegio presentaron varios pliegos de firmas pidiendo la continuidad del director don Feliciano Martínez Redondo.
       Por temor a posibles represalias, en muchos casos fueron las madres y no los padres las que firmaron.
      Este es el escrito y estas las firmas (en torno a 125 ―hay al menos una repetida―)



 Ø FINAL DEL TRAYECTO. 5

        Despido por escrito
       Tras la comunicación del despido como director y profesor del Colegio realizada de forma verbal el 26 de agosto, en carta enviada el 21 de septiembre se me reitera la decisión, esta vez por escrito.
       Se afirma en la carta que a causa de los “graves acontecimientos de los últimos días” los dirigentes de la Empresa han decidido que el despido se refiera no sólo a la función de director, sino también a la de profesor. Cuando don Emilio me comunicó verbalmente el despido, este despido abarcaba ya las dos funciones, tal como digo en el escrito enviado a los padres de alumnos el 31 de agosto.
       No creo, por otra parte, que llegara yo en ninguna ocasión “al insulto y ofensa pública contra los dirigentes y empleados” de la Empresa, como se afirma en la carta. Tampoco considero que dichos acontecimientos fueran “nocivos y escandalosos para los alumnos del centro”, aunque sí, tal vez, desconcertantes.
       No conservo el original de esta carta. En la imagen, copia de su texto y formato.
       CARTA DE DESPIDO:
Santa Lucía, 21 de septiembre de 1970
       Sr. D. Feliciano Martínez Redondo
       SANTA LUCÍA – (León)
       Muy señor nuestro:
       Ratificamos nuestra decisión de que, terminando el año escolar el próximo día 30 de los corrientes, cese Vd. en el cargo de Director del Colegio Santa Bárbara, que ha venido desempeñando, tal y como, verbalmente le fue comunicado el pasado 26 de agosto, viéndonos obligados a decidir que este cese se refiera también a su función como Profesor del citado centro, a partir del 1º de octubre, con lo que quedan terminadas y resueltas todas las relaciones habidas entre Vd. y el Colegio Santa Bárbara.-
       Nos ha impulsado a tomar esta determinación los graves acontecimientos sucedidos en los últimos días de agosto y primeros de setiembre en que Vd. adoptó una actitud y realizó una serie de actos en público que, a nuestro criterio, pueden considerarse como gravemente nocivos y escandalosos para los alumnos del centro, aparte de representar una intolerable deslealtad hacia la entidad titular del Colegio, llegando al insulto y ofensa pública contra sus dirigentes y empleados.
       Atentamente,
      J. Artieda (firmado)






 Ø FINAL DEL TRAYECTO. 6

       Sentencia
       El 14 de septiembre don Feliciano Martínez Redondo denuncia ante la Magistratura de Trabajo su despido como profesor y director del Colegio. En sentencia dictada el 8 de octubre de 1970, el Magistrado falla:
       “Que, estimando la demanda debo declarar y declaro improcedente el despido del actor FELICIANO MARTÍNES REDONDO, condenando a la demandada S. A. HULLERA VASCO LEONESA, a que, a su elección, lo readmita en su puesto de trabajo o le indemnice con TREINTA MIL PESETAS, y a que en uno y otro caso le abone los salarios devengados durante la sustanciación del procedimiento a partir del 1 de octubre”.
       Autos: 967/70
       En León, a ocho de octubre de mil novecientos setenta.
       Vistos por el Ilmo. Sr. Magistrado de Trabajo Decano D. Francisco José Salamanca Martín los presentes autos de juicio, seguidos ante esta Magistratura, entre partes, de una y como denunciante FELICIANO MARTÍNEZ REDONDO, mayor de edad y vecino de Santa Lucía, asistido aquel del Letrado D. Carlos Callejo de la Puente; y de otra y como demandada S.A. HULLERA VASCO LEONESA, representada por D. Ángel Castaño del Valle. Sobre despido, y RESULTANDO: Que, en 14 de septiembre, el actor acudió a esta Magistratura en demanda en que hacía constar: Que había trabajado para la demandada desde la fecha, con la categoría y salario que indica en su demanda; que fue despedido el 26 de agosto de 1970; y suplicaba sentencia por la que se condenara a la demandada a su readmisión, declarando la nulidad del despido, y el abono de los salarios dejados de percibir.
       RESULTANDO: Que, admitida la demanda, se señaló para la celebración del juicio el día 6 de octubre; citadas las partes, tuvo lugar dicho acto en el que el actor ratificó la demanda. La demandada se opuso a la demanda por entender que el actor incurrió en causas justas de despido consignadas en la notificación escrita del mismo; que esta empresa aun cuando es la titular de Colegio, nada tenía que ver con la explotación de carbonos, que es a lo que se dedica; que los servicios prestados por el actor en el Colegio no eran exclusivamente para el personal de la empresa, sino que de acuerdo con el Ayuntamiento de Pola de Gordón, procedió a la apertura de dicho Centro a la vez que se hacía una obra social en beneficio de todo el vecindario de la comarca de Santa Lucía y pueblos próximos… y solicitó sentencia absolutoria.
       RESULTANDO: Que recibido el juicio a prueba las partes hicieron uso de la documental, testifical…; y en conclusión las partes insistieron en lo pedido.
       RESULTANDO: Hechos probados. Primero. El Ayuntamiento de Pola de Gordón propuso a la demandada S. A. HULLERA VASCO LEONESA que con el fin de facilitar a la población escolar de la Comarca un centro de instrucción y educación, se hiciese cargo de la aportación económica precisa del Colegio Masculino de Enseñanza Media Santa Bárbara -que ya venía funcionando- radicado en Santa Lucía, y contando con la subvención del propio Ayuntamiento y de la agrupación de padres de familia. Segundo. La demandada aceptó la invitación a que se hace referencia en el número anterior. Tercero. El Colegio Masculino de Enseñanza Media Santa Bárbara figura inscrito con número propio -el 24/ 29394- en el Régimen General de la Seguridad Social. Cuarto. El actor Feliciano Martínez Redondo fue nombrado director y profesor del Colegio Santa Bárbara el 1 de octubre de 1967, con la retribución total de 15.000 pts. Quinto. El día 26 de agosto y de manera verbal, la demandada notificó verbalmente al actor el despido del Colegio con efecto del uno de octubre, que luego lo confirmó por escrito de 21 de septiembre de 1970. Sexto. El Colegio de Santa Bárbara tiene menos de 50 productores a su servicio. Séptimo. No se ha acreditado la comisión por el actor de faltas en el desempeño de su cometido, anteriores al 26 de agosto -fecha del despido-. Octavo. La demandada le tiene abonados reconocidos al actor salarios hasta el 3º de septiembre.
       RESULTANDO: Que en la tramitación de este juicio se han observado las formalidades legales pertinentes.
       CONSIDERANDO: Que de conformidad con la declaración del hecho séptimo y lo expuesto en los artºs. 102 y 103 del Decreto de 21 de abrilde1966, se estima la demanda, declarando improcedente el despido del actor; condenando a la demandada a que, a su elección, readmita al actor o le indemnice con treinta mil pesetas, y a que, en uno y otro caso -artº. 104- le abone los salarios devengados durante la sustanciación del procedimiento a partir del día 1 de octubre.
       CONSIDERANDO: Que en orden a la concesión a la demandada del derecho de opción que se indica en el considerando anterior, está justificado por el principio de unidad de empresa, que exige para su existencia la unidad económica, razón por la que no puede estimarse que la demandada explotadora de minas de carbón con más de 50 productores a su servicio, forma con el Colegio Santa Bárbara una sola empresa, ya que no se da la finalidad económica común, toda vez que ni el Colegio lo es sólo para el personal productor de sus minas de carbón, ni se da la comunidad de esfuerzos para objetivo común -que aquella unidad exige- y no bastando la circunstancia de una titularidad común en la explotación de las minas y en la explotación -mejor, gestión- del Colegio citado para que se dé la unidad de empresa, y en su consecuencia y por tener el Colegio menos de cincuenta productores a su servicio se le concede la opción a la demandada.
       VISTOS los preceptos citado, concordantes y de aplicación natural.
       FALLO: Que, estimando la demanda debo declarar y declaro improcedente el despido del actor FELICIANO MARTÍNES REDONDO, condenando a la demandada S. A. HULLERA VASCO LEONESA, a que, a su elección, lo readmita en su puesto de trabajo o le indemnice con TREINTA MIL PESETAS, y a que en uno y otro caso le abone los salarios devengados durante la sustanciación del procedimiento a partir del 1 de octubre.
       Se advierte a las partes que contra este fallo pueden interponer recurso de suplicación en plazo de cinco días, previa consignación de las cantidades objeto de condena incrementadas en el 20 por 100 y depósito de la suma de 250 pts., caso de ser recurrente la demandada.
       Así por esta mi sentencia, lo pronuncio, mando y firmo.



 v HECHOS Y VALORACIONES
       Con relación a la actual polémica suscitada, yo pienso que es conveniente establecer una clara separación ―la más clara posible― entre los hechos y las valoraciones que se puedan realizar sobre ellos. Lo que yo he intentado hacer en mi exposición sobre el final de estos tres años del colegio es relatar hechos, sin los cuales la historia del centro quedaría incompleta: comunicación verbal del despido del director, información a los padres de los alumnos, asambleas celebradas, firmas presentadas y dos o tres hechos más que faltarían por relatar. Naturalmente, por mucho que alguien se esfuerce en ofrecer una versión imparcial de un acontecimiento es muy difícil que esta no quede impregnada, aun sin quererlo, de alguna dosis de subjetividad.
En cuanto a la valoración de los hechos, cosa que no pensaba tocar, haré una sola consideración. Los padres y madres de los alumnos y los propios alumnos tienen, en mi opinión, un papel importante en la gestión del centro donde estos realizan sus estudios. Deben ser tenidos en cuenta a la hora de tomar decisiones de especial importancia. Una empresa, por muy patrocinadora que sea del centro, tiene que saber escuchar. Las familias no pueden ser ninguneadas. Por otra parte, durante esos tres años la financiación del colegio provenía de tres fuentes distintas: cuotas de las familias, aportación del Ayuntamiento de Pola y aportación de la Hullera Vasco Leonesa. Creo recordar que la suma de las dos primeras aportaciones era superior a la tercera.



 v CONCLUSIÓN
       (Estas sí que son apreciaciones subjetivas, que, por supuesto, algunas personas pueden no compartir)
       A mi juicio ―en delicada situación, por ser parte especialmente interesada―, para entender en su justa medida los acontecimientos relacionados con el despido del director del Colegio Santa Bárbara de Santa Lucía de Gordón ocurridos en agosto y septiembre de 1970, conviene tener en cuenta varios factores.
       La decisión unilateral de la Empresa de despedir al director del colegio sin tener en cuenta la opinión de los padres y madres de los alumnos e incluso el sentir de estos últimos no fue bien vista por las familias. Pensaban que tenían derecho a opinar, a ser consultados; al fin y al cabo, ellos, los padres y madres, eran los más interesados en proporcionar una buena educación a sus hijos. Una vez más, la Empresa actuaba en defensa de sus propios intereses, no de los intereses de la parte más directamente afectada. Algo parecido ocurrió en el episodio del Patronato de Ciñera que nos contaba José María Alonso.
       Las familias de los alumnos valoraban positivamente la actuación del director del centro. Si su opinión al respecto hubiera sido negativa o incluso indiferente, nunca se hubieran atrevido a oponerse a la decisión de la Hullera, la que mandaba en la zona y podía emprender represalias contra los disidentes.
       No le convenía a la Empresa una educación emancipadora, que despertara el pensamiento crítico de los alumnos y de las familias; pensaban sus dirigentes que esta línea de actuación era perjudicial para ella.
       Para finalizar y al margen de las consideraciones anteriores, quiero añadir que me sumo al merecido reconocimiento que han tenido los colegios de Santa Lucía por la gran labor educativa realizada a lo largo de toda su historia.



 v DESPEDIDA
       Tras este largo recorrido de viejos recuerdos, llega el momento de la despedida.
       Hemos compartido fotos, documentos escritos, testimonios que nos han hecho revivir aquellos lejanos tiempos de vuestra niñez y mi segunda juventud. Hemos conseguido llenar un hueco que había quedado, en parte, traspapelado en la memoria.
       Espero que aquellos tres cursos hayan dejado una huella positiva en vuestra vida, con luces y sombras como suele ocurrir en estos casos, pero con claro predominio de las primeras. Así ha sido también para mí. Fueron tres años que me marcaron para el futuro, con nuevas experiencias y aprendizajes, con nuevas amistades que me han acompañado a partir de entonces. Aunque apenado por la brusca ruptura, me fui contento de Santa Lucía: he cumplido con mi deber, pensaba.
       Agradezco vuestra compañía y vuestras aportaciones durante estos nueve meses. Me ha sorprendido gratamente el interés que habéis mostrado por revivir aquellas nuestras andanzas, no sólo los antiguos alumnos sino también algunos otros, chicas y chicos, que no lo fueron. Agradezco a Benjamín Fajardo la iniciativa de abrir este grupo de Facebook para nuestra intercomunicación.
       Estoy escribiendo una breve historia de aquellos comienzos del Colegio, con inclusión de todas las fotos publicadas. Será una edición exclusivamente digital. Si alguien estuviera interesado o interesada en ella, puede contactar conmigo y con sumo gusto se la envío. Este es mi correo electrónico refelmarez@gmail.com. Os dejo también aquí mi número de teléfono: 666 862 332. Quedo a vuestra disposición.
       Chicas y chicos, os deseo mucha salud y mucha suerte.
       Un fuerte abrazo.




 CAMBIO DE PLANES

       Cuando, a propuesta de Benjamín, decidimos él y yo poner en marcha este grupo, lo planificamos con carácter temporal. Sus objetivos eran: reencontrarnos con los antiguos compañeros después de tantos años, recordar entre todos aquellos tres primeros años del Colegio Santa Bárbara y celebrar un encuentro personal en mayo o junio, lo más numeroso posible, en Santa Lucía. Cumplidos estos objetivos (bueno, alguno resultó fallido), el grupo se cerraría.
Este era el plan, y de ahí el escrito de despedida que publiqué hace unos días. Pero los planes no siempre son "dogmas de fe"; algunos, al menos, se pueden cambiar sobre la marcha, si así lo pide la mayoría, sin que exista contradicción alguna. Si hay personas dispuestas a continuar con el grupo porque lo consideran interesante, ¿por qué no hacerlo?